APKDock Logo
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Estrenando Cuñadita

Estrenando Cuñadita

La rutina de un hombre cambia por completo cuando su joven cuñada se instala temporalmente en su hogar. Con una actitud casual y un encanto natural, la presencia cotidiana de la joven se vuelve imposible de ignorar. Lo que parecía una simple visita familiar se transforma en un constante desafío emocional para el anfitrión, quien lucha contra una atracción cada vez más intensa y magnética. Bajo el mismo techo, la convivencia diaria convierte la cercanía en una tentación inevitable y difícil de resistir.
Capítulos
Compartir

Capítulo 2

Me sentí mucho más excitado.

Jamás imaginé que mi cuñada, que parecía tan pura, estuviera espiando a su cuñado y a su hermana teniendo sexo.

Para que mi cuñadita viera todo con más claridad, para que su primera clase de educación sexual le quedara bien grabada, ni siquiera me detuve a pensar si mi esposa se había dado cuenta de que su hermana estaba mirando. La jalé, la obligué a levantar el torso con las nalgas en alto, mirando hacia la puerta que daba a la sala.

Le arranqué el camisón, dejando su cuerpo entero al descubierto, y seguí embistiéndola con movimientos brutales, como un toro enloquecido.

—Aah… mi amor… me vas a destrozar…

Los pechos de mi esposa se sacudían, y no lograba contener sus gritos; como yo le sujetaba las manos con firmeza, no podía taparse la boca, quería gritar y no se atrevía.

—Aah… ya no puedo más… ten piedad de mí…

Sus gritos se fueron quebrando en llanto hasta que se desplomó sobre la cama como una muñeca de trapo, y solo quedaron en alto sus nalgas redondas y carnosas, que yo aún sujetaba.

Me puse el bóxer y salí a la sala, fingiendo que iba por agua.

Vi que la puerta de mi cuñada estaba cerrada, pero por la rendija se colaba la luz; en cuanto mis pasos se acercaron, la luz del cuarto se apagó.

A la mañana siguiente, era como si yo despidiera un aura de varios metros a la redonda: a donde yo iba, mi cuñada se apartaba, pegada todo el tiempo a mi esposa.

Parecía un poco asustada. Su hermana y su cuñado eran una pareja que se amaba, pero el cuñado en la cama era así de feroz, y dejaba a la hermana cogida como una perra.

Y la hermana, por su parte, se veía disfrutando, entregándose con gusto a que el cuñado la usara así.

Este mundo de los adultos la dejó perturbada.

En principio, aunque yo tuviera intenciones, si mi cuñada iba a esquivarme de esa manera no iba a tener oportunidad de acostarme con ella.

Pero jamás imaginé que hasta el destino me estaría dando oportunidades.

Esa noche volví a casa de madrugada, después de un compromiso; mi esposa ya estaba dormida, y la luz del baño estaba prendida: debía ser mi cuñada bañándose.

A través del vidrio esmerilado de la puerta del baño se alcanzaba a ver, difusa, la silueta curvilínea de mi cuñada, que al parecer se estaba secando el cuerpo.

Se me movió algo por dentro; fingí creer que quien estaba dentro era mi esposa y giré la manija.

—Amor, voy al baño, ya no aguanto…

En efecto, mi cuñada no puso el seguro por dentro; gritó un “¡ah!” y se escondió detrás de la puerta, empujándola un poco con la mano.

—Cuñado… soy yo…

Para entonces yo ya había metido medio cuerpo; el cuerpo desnudo, aún joven e inmaduro, de esa muchacha quedó completamente expuesto ante mis ojos: blanco con tintes rojizos y cubierto de gotitas de agua, esa piel suave y blanca sin una sola imperfección, junto con esa cara delicada y pura, me provocó una erección casi de inmediato.

Fingiendo sorpresa, dije en voz baja:

—Nati, ¿cómo es que todavía no duermes?

—No podía dormir…

Mi cuñada, desnuda, sostenía una toalla frente al cuerpo, apenas logrando cubrirse los pechos y allá abajo; con la cabeza agachada, no se atrevía a mirarme, y con una voz suavecita, suavecita, dijo:

—Cu… cuñado, no entres todavía… me voy a vestir…

—Ah, sí.

Hice como que caía en la cuenta y salí de mala gana.

—Apúrate, que ya no aguanto…

No tenía ganas de orinar; me quedé esperando afuera solo porque quería ver a mi cuñada apenada. A través del vidrio alcancé a ver que de pronto se quedó quieta, y con voz muy bajita llamó:

—Cu… cuñado…

—¿Ya estás lista? ¿Entonces entro? —Seguí haciéndome el tonto.

—No, no, no… no entres… —Mi cuñada se puso evidentemente nerviosa, tartamudeando—. Se me cayeron los calzones al piso sin querer y se ensuciaron, ¿me podrías pasar unos limpios?

Su voz se fue apagando al final, como zumbido de mosquito:

—Están en el primer cajón del clóset.

También te podría gustar

Portada de la novela Creyeron Que Era Sorda
9.4
En la novela romántica Creyeron Que Era Sorda, la protagonista recupera la audición en secreto y descubre la peor traición. Durante una fiesta, escucha a su hija revelar que su esposo, Fidel Gallardo, espera un hijo de su amante, Juana. Aunque Fidel finge amarla con señas y planea ocultar su desliz para no perderla, ella ya conoce toda la verdad. Con el boleto comprado para irse como maestra voluntaria a una zona vulnerable, solo espera siete días para que sus papeles estén listos y desaparecer de sus vidas para siempre.
Portada de la novela Curso de Perreo Intensivo
9.4
Durante una sesión sobre el tapete de yoga, una entregada estudiante ejecuta con total audacia los pasos más veloces y atrevidos de una coreografía. Bajo la mirada atenta de sus compañeras de clase, su enérgica práctica destaca en el salón. Es en ese instante de máxima intensidad cuando el profesor, tras elogiar su ritmo constante, decide dar un paso más allá. Al proponer un ejercicio en vivo, se aproxima a ella para iniciar una demostración física mucho más íntima, directa y cercana.
Portada de la novela Después de sus cien engaños, rompí con él para siempre
7.8
Tras tres años de matrimonio soportando las constantes infidelidades de Ricardo Montenegro, cada traición venía acompañada de un costoso collar. Al recibir la joya número cien, el dolor se transformó en frialdad: la amante de turno era mi propia hermana mayor, mi eterna torturadora de la infancia. Con el corazón roto, decidí actuar. Le entregué a Ricardo un contrato de propiedad a cambio de su firma, permitiéndole estar con ella. Tras recibir su hipócrita beso de despedida, saqué mi verdadera carta de triunfo bajo el papeleo: el acuerdo de divorcio definitivo.
Portada de la novela Fui Su Secreto Compartido
8.4
Tras tres años de amor devoto hacia Dante, el poderoso heredero del clan Blackwood en Chicago, la joven Rose recibe con alegría la noticia de su embarazo. Sin embargo, su felicidad se destruye al descubrir un siniestro engaño: Marco, el hermano gemelo de su pareja, se hacía pasar por él en la intimidad. Todo resulta ser una humillante venganza orquestada por Dante para complacer a su enemiga, Isabella. Ante la inminente revelación pública de esta traición durante la ceremonia nupcial, Rose toma la firme decisión de huir y dejar al mafioso sin su ansiada boda.
Portada de la novela La decimotercera novia del Alfa
8.7
En su vida pasada, ella lo dio todo por Lucian, solo para recibir desprecio y una muerte cruel a manos de renegados. Tras renacer, decide cambiar su trágico destino: le entrega su rival a Lucian y acepta convertirse en la pareja del temido Príncipe Draven, un alfa del que se rumorea que asesina a sus compañeras. Sin embargo, al conocerlo, descubre que el brutal príncipe es en realidad el dulce joven de su infancia. Él fingió doce uniones previas esperando su llegada, y ahora que es su Luna, el arrepentimiento de Lucian llega demasiado tarde.
Portada de la novela La Luna Que Fingió Su Muerte
9.4
La Luna Que Fingió Su Muerte presenta la historia de Elara, quien ha decidido escapar definitivamente de su compañero, el Alfa Aiden. Aunque todo el mundo de hombres lobo cree que él la ama con locura por sus constantes atenciones, la realidad es muy distinta. Aiden la ha abandonado una vez más para pasar la noche con la modelo Omega, Cassia. Cansada de su hipocresía y corrupción, Elara contrata a un errante en el mercado negro para planear su falsa muerte por envenenamiento con acónito. Su escape ocurrirá durante la ceremonia de coronación, el evento más sagrado para él, donde le dejará un cadáver perfecto.