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Portada de la novela Oí a Mamá Muerta y Cambié Mi Destino

Oí a Mamá Muerta y Cambié Mi Destino

Tras desmayarse por un golpe, una joven empieza a escuchar la voz de su difunta madre. Gracias a esta advertencia celestial, descubre que Paul solo finge amnesia para manipularla. Cuando su padre le pide elegir a un huérfano para adoptarlo como hermano, ella decide cambiar su destino. En lugar de caer en la trampa de Paul, elige al serio Antonio, quien siempre la ha cuidado en secreto. Así comienza una nueva vida lejos de los engaños.
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Capítulo 1

Paul Vargas y yo nos desmayamos al mismo tiempo cuando un balón de básquetbol nos golpeó en la cabeza.

Cuando desperté, de pronto oí la voz de mi mamá fallecida.

—Mi niña, no vuelvas a dejarte engañar por Paul. Ese muchacho solo finge que perdió la memoria para manipularte y quedar bien con Margarita.

Me quedé helada.

Miré a Paul, que acababa de despertar, y lo escuché preguntarme:

—¿De qué familia eres tú?

—Mi niña, dentro de poco tu papá te va a pedir que elijas a un niño para que sea tu hermano mayor. Esta vez no elijas a Paul. Elige a Antonio. Aunque siempre pone esa carita seria y se la pasa llevándote la contraria, cada vez que van a las prácticas de campo, él carga tu cantimplora a escondidas.

Antes de que pudiera reaccionar, tal como había dicho mi mamá, mi papá se acercó con varias fotos de niños en la mano.

—Mi niña, todos ellos son huérfanos, hijos de héroes caídos. Estoy pensando en adoptar a uno para que sea tu hermano. Elige tú. De ahora en adelante, él será parte de nuestra familia.

Esta vez no dudé.

Señalé directamente a Antonio Maldonado.

—Lo elijo a él.

Papá me miró desconcertado al ver que ya había tomado una decisión.

—¿No eras tú la que siempre se peleaba con Antonio? ¿De verdad quieres elegirlo como hermano mayor? Piénsalo bien. Una vez que lo hagamos oficial, será familia para toda la vida.

Mi papá era un oficial de alto rango. Para cualquiera de esos niños, ser adoptado por él significaba cambiar su destino de la noche a la mañana.

A un lado, Beatriz Ariza, una pariente lejana de Paul, se acercó apresurada para convencerme.

—Raquel, aunque Paul haya perdido la memoria por ahora y no te recuerde, antes tú eras la que más disfrutaba jugando con él, ¿no? ¿Por qué no esperamos un poco más? Tal vez en unos días recuerde todo.

Mamá soltó un fuerte "¡Bah!" dentro de mi cabeza.

—¡Qué tonterías dice! En tu vida pasada, Margarita rompió el lazo para el cabello que más querías. Tú apenas alcanzaste a reclamarle algo cuando Paul te cerró la puerta y te dejó afuera. Hizo que te quedaras mucho tiempo bajo la lluvia y casi te enfermaras. Al final, fue Antonio quien salió a buscarte con un paraguas. Aunque decía que eras una molestia, hasta te puso su abrigo encima.

Al escuchar eso, sentí una punzada repentina en el pecho.

Aunque no entendía por qué mamá siempre hablaba de esas cosas, cada palabra me oprimía el pecho, como si tuviera algo pesado atorado por dentro.

Además, era verdad que Margarita siempre había sido la niña a la que Paul más cuidaba desde que eran pequeños. Ellos jugaban juntos a la casita todo el tiempo, mientras yo siempre quedaba fuera.

—Papá —dije con firmeza—, ya elegí. Quiero que Antonio sea mi hermano mayor.

Papá guardó las fotos y me acarició suavemente el cabello.

—Está bien. Respetaré tu decisión. Dentro de dos días organizaré una comida e invitaré a todos para anunciarlo oficialmente.

Mamá soltó un largo suspiro de alivio.

—Así está bien. Esta vez, podrás crecer sana y salva.

Después de que papá y varios adultos salieron a hablar de asuntos importantes, me puse mi vestidito y quise salir a tomar aire.

No esperaba que, al abrir la puerta, me encontrara con tres figuras conocidas en el pasillo.

Los tres eran niños que solían jugar conmigo, y también estaban entre los candidatos que mi papá pensaba adoptar.

Paul estaba entre ellos. El único que no estaba era Antonio.

Marcos Lastra se acercó con una sonrisa traviesa.

—Raquel, escuché que vas a elegir un hermano mayor. ¿A quién elegiste?

Alberto Juárez intervino enseguida:

—¿A quién más? Seguro que a Paul. ¿Quién no sabe que Raquel siempre anda pegada a Paul? Cada vez que tiene algo rico, lo primero que hace es guardarle una parte.

Paul, en cambio, solo me lanzó una mirada indiferente, como si fuera un pequeño adulto.

—Es cierto que no recuerdo los últimos años. Solo recuerdo que antes jugaba mucho con Margarita. Pero si los adultos ya lo decidieron, cuidaré bien de ti.

Mamá soltó una risa fría.

—En tu vida pasada, Paul se aprovechó de su amnesia fingida. Por un lado, era inseparable de Margarita; por otro, disfrutaba de todo lo buena que eras con él. Al final te hizo sufrir muchísimo. ¡Ese niño malo!

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