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Portada de la novela Solo La Muerte Es Libertad

Solo La Muerte Es Libertad

El devastador diagnóstico de cáncer de la protagonista de Solo La Muerte Es Libertad solo desata la crueldad de su esposo, quien la acusa de mentir para competir con su hermana, mientras su propio hijo la rechaza con odio. Sin espacio para el llanto ni los reclamos, ella decide guardar el secreto de su enfermedad y planificar su propio deceso en silencio. En dos semanas abandonará la ciudad para buscar una muerte digna y en paz, privando a su egoísta familia de cualquier oportunidad de redención.
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Capítulo 6

Evelyn salió de la sala con la mejilla todavía ardiéndole; se llevó la mano a la cara para cubrirse la piel inflamada. Casi se encontró de frente con tres personas que subían los escalones de la entrada.

Por puro instinto, se encogió para ocultarse en las sombras de la puerta y vio cómo Daniel y Zoe bajaban del auto. Noah estaba en medio de los dos, muy feliz, agarrado de la mano de cada uno. Los tres se veían como una familia.

—¿Ya te sientes mejor? —preguntó Noah.

Zoe sonrió y le despeinó el cabello.

—Mucho mejor.

—¡Qué bueno! ¡Por fin vas a poder jugar conmigo otra vez! —Noah pateó una piedrita que le estorbaba, con una sonrisa de oreja a oreja—. Mi mamá es aburrida y molesta. Tú eres la única que me entiende. Qué bueno que no vino, porque lo hubiera arruinado todo.

La sonrisa de Zoe se hizo más obvia. Usó un tono suave, como si no pudiera hacer nada al respecto.

—No puedes hablar así de tu mamá.

—¿Por qué no? —El niño infló los cachetes—. ¡Es que es mala! ¡Siempre es molesta y se hace la víctima! ¡Ni te quiere ayudar con las copas! Si a alguien le debería dar cáncer, es a ella.

Esas palabras hicieron que a Evelyn se le detuviera el corazón y su cuerpo se quedó rígido. El resto de la conversación se convirtió en un ruido lejano que ya no pudo entender.

Se quedó ahí donde estaba, escondida en el rincón como si fuera una sombra. Esperó hasta que escuchó las risas de los tres perderse dentro de la casa. Solo entonces se dio la vuelta y se alejó.

Sintió que su vida se había vuelto patética y miserable, tanto que no había palabras para describirlo. Llevó a Noah en su vientre durante nueve meses y ahora él deseaba que se muriera sin dudarlo ni un segundo.

Las lágrimas rodaron por su cara mientras caminaba.

Tal como ellos querían, era la que tenía cáncer. En cuanto se fuera, Zoe ocuparía su lugar sin ningún problema. Noah tendría lo que quería.

***

Al llegar a casa, Evelyn recorrió cada habitación y sacó todo lo que le pertenecía. Luego, lo echó todo a un brasero y le prendió fuego en el patio trasero. Quemó la foto de su boda, la foto familiar y cada regalo que les había comprado a Daniel y a Noah a lo largo de los años.

Cuando Daniel llegó y vio el fuego, abrió los ojos con desesperación. No le importó el calor ni el dolor; metió la mano a las llamas para intentar salvar su foto. Logró sacar solo la mitad; lo demás ya se había hecho cenizas.

Con los ojos rojos, le gritó:

—¿Te volviste loca? Estos son los recuerdos de nuestra familia. ¿Por qué los quemaste?

Noah empezó a patalear por el coraje.

—¡Esos peluches eran mis favoritos! ¿Por qué los quemaste?

Evelyn respondió sin ninguna emoción:

—Pues, ¿qué no Zoe te compra juguetes nuevos? Tú mismo echaste esos peluches al cuarto de desperdicios. ¿Para qué más iban a servir?

Noah se puso rojo de la cara. Era cierto que amaba los juguetes que Zoe le compraba. ¿Quién iba a querer algo viejo pudiendo tener algo nuevo? Pero esos peluches los había hecho Evelyn a mano.

Noah apretó los puños. Su enojo creció tanto que no pudo controlarse y empujó a Evelyn con fuerza.

—¡Mala mamá! ¡Te odio!

Agarró el único peluche medio quemado que no se había caído al fuego, se limpió los ojos con el dorso de la mano y entró corriendo a la casa.

Evelyn cayó al suelo. El brasero se ladeó y las brasas y la madera ardiendo rodaron hacia ella. Un trozo de carbón encendido le pegó en el antebrazo. El ardor le sacó un grito de dolor mientras la piel se le llenaba de ampollas por la quemadura.

Daniel ni cuenta se dio. Seguía mirando por donde se había ido Noah.

Cuando por fin volvió a verla, Daniel sonaba cortante.

—Noah no debió empujarte, pero ahora sí te pasaste. No son formas de hacer un berrinche. Hoy mismo vas a mandar a que restauren esas fotos con los negativos. Si no lo haces, ¡ni te aparezcas en la boda!

Dicho esto, se fue furioso.

Una sonrisa amarga y burlona asomó en Evelyn. Ese era el pretexto que Daniel estaba esperando. Si ella no iba a la boda, le resultaría mucho más fácil pararse en el altar con Zoe.

No importaba. De todos modos no tenía planeado ir.

Para cuando Daniel le estuviera poniendo el anillo a Zoe, Evelyn ya estaría en un barco camino a su propia isla privada.

***

Durante los siguientes días, Daniel y Noah la ignoraron a propósito. Ni siquiera la saludaban cuando la veían.

A Evelyn no le importó nada. Empacó la poca ropa que pensaba llevarse y se quedó lista para salir en cualquier momento.

Mañana, por fin, podría irse de este lugar.

En ese momento, su celular vibró. Zoe le había mandado una foto.

Evelyn la abrió y se quedó pasmada por la impresión. Era una foto del único recuerdo que le había dejado su abuela, la única persona que la había querido. Al lado del objeto, había un brasero.

Evelyn llamó a Zoe.

—¿Qué estás haciendo?

—Ven a buscarme. Quiero que hagamos un trato —dijo Zoe.

Evelyn agarró sus llaves y salió corriendo. Apenas había puesto un pie afuera cuando fue golpeada en la nuca. Se desplomó y todo se volvió oscuridad.

Antes de perder el conocimiento, escuchó la voz de Zoe.

—Átenla bien. Que no se escape.

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