APKDock Logo
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Tu hijo, mi adiós

Tu hijo, mi adiós

En la novela de romance multimillonario Tu hijo, mi adiós, Laura descubre la peor traición en el hospital: Francisco, su esposo, acompaña a una joven embarazada mientras ella asiste a su propio tratamiento de fertilización. Ante la fría justificación de él sobre la necesidad de un heredero para el linaje familiar, Laura decide ocultar sus resultados médicos. Con una determinación silenciosa, ella finge aceptar la situación hasta el día del parto de la amante, momento en el que abandona a Francisco firmando el divorcio.
Capítulos
Compartir

Capítulo 4

Francisco me llevó a una de sus casas. En todas partes había evidencias de que vivían dos personas: un par de pantuflas grandes y otras pequeñas en la entrada, tazas de pareja colocadas una al lado de la otra sobre la mesa... Todo me recordaba que, sin yo saberlo, Francisco había formado otro hogar.

Isabel notó mi expresión perdida y sus ojos revelaron un destello de satisfacción mientras hablaba suavemente:

—Todo en esta casa lo preparó Francisco. La habitación del bebé también, él supervisó personalmente la decoración. Como no sabemos el sexo, preparó dos estilos, uno rosa y uno azul. Es muy detallista, ¿verdad?

Su tono estaba lleno de presunción. Pensé que, por supuesto, yo sabía perfectamente lo detallista que era Francisco. De lo contrario, no habría logrado hacer todo esto bajo mis narices sin que yo sospechara nada.

—Laura, si yo fuera tú —continuó Isabel—, definitivamente me divorciaría de Francisco. Le encantan los niños y está destinado a estar vinculado a mí para siempre. ¿No te molesta ver eso?

Cuando Francisco no miraba, Isabel abandonó su fachada de inocente y mostró su verdadera naturaleza. Sabía que intentaba provocarme.

—¿Por qué debería divorciarme? —pregunté, esbozando una ligera sonrisa—. Mientras no me divorcie, todo lo suyo es mío, incluida esta casa. Francisco me ama tanto y ahora se siente tan culpable que, si quisiera, podría echarte de aquí en cualquier momento.

—Tú... —Isabel jadeó de rabia.

En solo un segundo, recuperó la compostura, y, tras acercarse a mí, susurró en mi oído:

—Si es así, veamos a quién elige Francisco.

Antes de que pudiera entender sus intenciones, tiró la taza de la mesa y luego se golpeó contra el borde.

—¡Ay!... Laura, no me empujes.

Al instante siguiente, Francisco corrió hacia ella como el viento, preguntándole nerviosamente qué sucedía. Isabel se quejaba de dolor mientras se sujetaba el vientre.

Francisco la levantó en brazos y salió apresuradamente. Al pasar junto a mí, me lanzó una mirada de decepción.

—Francisco —lo llamé—, ¿me creerías si te digo que no la empujé?

Francisco se detuvo un segundo. Solo un segundo, antes de irse sin mirar atrás.

Supe que el plan de Isabel había funcionado.

Permanecí inmóvil en la casa durante un largo rato antes de agacharme lentamente para recoger los fragmentos de vidrio del suelo. Cuando un trozo me cortó el dedo, me di cuenta: este no era mi hogar. Era el hogar de Francisco con otra mujer.

Yo nunca tuve un hogar, y, con esa certeza, mi corazón finalmente murió por completo.

Mientras Francisco esperaba ansiosamente fuera del quirófano el nacimiento del hijo de Isabel, yo también yacía en una mesa de operaciones. Acababa de matar a nuestro hijo.

Mientras él sostenía al recién nacido y discutía con Isabel a quién se parecía, yo tomaba los papeles de divorcio que había preparado y una grabación, antes de abandonar el hogar donde había vivido durante siete años.

***

Narrador

En el hospital, Francisco observaba a sus padres sonriendo de oreja a oreja mientras sostenían al bebé, y sintió un momento de alivio. Pensó que finalmente había cumplido con la tarea de continuar el linaje familiar y había dado a sus padres lo que querían.

No podía negar su alegría al ver a ese niño. Después de todo, era su primer hijo, y posiblemente el único.

Pensó que al volver a casa le diría a Laura que la familia Gutiérrez ya tenía un heredero. Que ya no tendría que tomar esas amargas medicinas que la hacían vomitar. Que ya no necesitaría someterse a sesiones de acupuntura una y otra vez, ni soportar el dolor de las inyecciones para la estimulación ovárica en los tratamientos de fertilización in vitro.

Ya había cumplido el deseo de sus padres, dándoles un nieto. A partir de ahora, todo volvería a ser como antes; él siempre la había amado solo a ella.

Al recordar el tono desesperado de Laura cuando se fue llevando a Isabel en brazos, sintió una profunda inquietud. Tenía que volver a casa rápidamente y explicarle todo.

Ignorando las protestas de sus padres, salió corriendo de la habitación. Pensó que primero compraría un ramo de rosas blancas, las favoritas de Laura. En el pasado, cada vez que la enfadaba, bastaba con comprarle flores y suplicar su perdón para que ella lo hiciera. Esta vez sería igual.

En el pasillo del hospital, se encontró con el médico que había estado tratando a Laura con fertilización in vitro.

—Oiga, ¿dónde está su esposa? —preguntó el médico, deteniéndolo—. ¿Por qué no vino a su control prenatal el mes pasado?

Los pasos de Francisco se detuvieron bruscamente, su cabeza zumbando como si hubiera recibido un golpe.

Después de un largo momento, finalmente encontró su voz y preguntó:

—¿Qué acaba de decir?

¡Sigue leyendo!
¡La historia se pone cada vez mejor! Cambia a la App para seguir leyendo
Desbloquear todos los capítulos

También te podría gustar

Portada de la novela Amor Devorado por el Fuego
7.9
En Amor Devorado por el Fuego, Luna García queda desfigurada y con un mes de vida tras un accidente donde su prometido, Manuel, prefirió salvar a su hermana adoptiva, Susana. Cuando deciden que Susana se casará con Manuel, Luna acepta sonriente y le regala sus acciones y valiosas obras de arte inéditas. Mientras Susana es aclamada falsamente como una genia artística y Manuel la proclama su única esposa, Luna los observa en silencio. Todo lo que les entregó es el inicio de su fría venganza.
Portada de la novela Antídoto
9.6
En su vida pasada, ella fue obligada a ser el antídoto de su amor platónico tras ser envenenado, teniendo un hijo. Su esposo la culpó de la situación y acabó asesinándola junto al pequeño. Al reencarnar en el instante exacto en que el joven y su padre sufren los efectos del mismo afrodisíaco, la protagonista de Antídoto decide alterar su trágico destino. En lugar de salvar al hijo, elige auxiliar al padre, transformándose en la inesperada madrastra de su verdugo.
Portada de la novela El Don Me Rogó Por Una Segunda Oportunidad
8.2
Tras tres años de un matrimonio aparentemente perfecto y una boda millonaria, la vida de Sophia se derrumba el día de su aniversario. Al intentar sorprender a su esposo, el Don Alexander, lo descubre en su oficina en una situación íntima con su secretaria, escuchándolo calificarla de aburrida. Devastada, Sophia acude al mercado negro para planear su desaparición y obtener una nueva identidad. Sin embargo, su partida provocará el colapso absoluto del poderoso líder de la mafia que tanto la subestimó.
Portada de la novela El Don que perdió a su novia ante su mayor enemigo
8.0
Tras soportar cinco años de menosprecio bajo la sombra de Cara, la supuesta protegida de Don Massimo, la protagonista decide poner fin a la farsa el día de su boda. Al descubrir que el enlace se trasladó a la isla privada de la otra mujer, huye para consumar la venganza perfecta: casarse con Nikolai Volkov, el temido líder de la Bratva rusa y archienemigo de Massimo. Humillado y arrepentido, el Don abandona a su favorita para suplicar el perdón de su ex prometida durante una semana entera.
Portada de la novela Huí de mi boda y encendí la aurora
9.4
La vida de Daniela se desmoronó tras la quiebra familiar y el abandono de su prometido, Javier Martínez. En su peor momento, el multimillonario Pablo Romero apareció para saldar sus deudas, costear el funeral de su padre y ofrecerle un nuevo comienzo. Tras tres años de apoyo incondicional, Daniela cree haber encontrado la felicidad. No obstante, en la víspera de su boda, descubre una verdad devastadora: el hombre que consideraba su salvador fue el verdadero artífice de la ruina de su familia y de la muerte de su padre.
Portada de la novela Me ignoró 304 veces: me divorcié
8.8
Durante ocho años de matrimonio, ella soportó el desinterés de su esposo Javier. Sin embargo, el límite llega cuando él ignora su ruego número trescientas cuatro para acompañar a su padre moribundo a ver el mar por última vez. Mientras su padre fallece en la orilla, Javier pasa el día con Renata en la pradera. Tras recibir un reclamo de su esposo amenazándola con la separación por molestar a su amante, ella decide aceptar el fin de su relación. Cansada de las humillaciones, finalmente accede a firmar el divorcio.