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Portada de la novela Una Noche Con La Universitaria Del Vagón

Una Noche Con La Universitaria Del Vagón

Durante el viaje en tren de regreso a casa por las vacaciones, un joven comparte el vagón de literas con una hermosa estudiante a la que desea desde hace tiempo. En la noche, la universitaria comienza a moverse y murmurar dormida, sumergida en un intenso episodio de sonambulismo erótico. Viendo que ella está completamente perdida en su propio sueño, el protagonista decide aprovechar la oportunidad y se cuela sigilosamente en su litera para cumplir su fantasía.
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Capítulo 1

—Mm... me arde todo... cómo lo quiero...

En el vagón de literas del tren que me llevaba de vuelta a casa para las vacaciones, la extraordinaria universitaria que dormía en la litera de abajo estaba teniendo uno de sus episodios de sonambulismo.

Tenía las piernas abiertas y las caderas moviéndose sin parar, retorciéndose despacio.

Hacía tiempo que quería saber qué se sentiría estar con ella. Aprovechando que en ese momento parecía perdida en un sueño erótico, me colé en su litera...

Me llamo Uriel Carrillo, soy un trabajador de construcción de buen físico.

En la obra, llevaba un año entero sin una mujer. Estaba a punto de estallar.

Todos los días esperaba con ansias estas fechas, para volver a casa con mi esposa y desahogarme.

Ese día la obra cerró por vacaciones. Para ahorrar algo de dinero, compré un boleto en el vagón de literas del tren de pasajeros.

Con un año de frustración acumulada, por fin podría volver a casa y liberar todo eso.

Apenas subí al tren ya sentía que no aguantaría. Si no hubiera tanta gente a mi alrededor, juro que hubiera perdido el control ahí mismo.

Lo que terminó de sacudir mi ánimo fue descubrir que en la litera de abajo estaba sentada una universitaria con un cuerpo de película.

La obra había cerrado temprano, justo cuando las universidades también entraban a vacaciones. Una coincidencia así no se repite.

Desde mi ángulo, podía ver sus pechos asomados por el escote.

Ese tamaño era perfecto.

Mucho más generosos que los de mi esposa, y tan firmes... tendría poco más de veinte años, a lo mucho.

Cada vez que se movía, se balanceaban frente a mis ojos, de un lado al otro.

Yo, que ya estaba al límite, al ver eso sentí cómo el bulto bajo mi ropa se marcó.

Desde la litera de arriba la espiaba sin que se diera cuenta.

Sin pensarlo, metí la mano dentro del cobertor y empecé a moverla.

Entonces vi cómo la chica sacó de su bolso un juguete morado y salió casi corriendo al baño.

Me quedé pasmado. ¿Las chicas de hoy eran tan urgidas? ¿No podía ni esperar a bajar del tren?

Aproveché que no estaba y me deslicé hacia abajo para revisar qué traía en el bolso.

Tal como imaginaba, ahí adentro no solo había algunos juguetitos más, sino también unas medias con ropa interior de repuesto.

Tomé las medias y las acerqué a la nariz. Inhalé profundamente.

¡Ah...!

Ese olor me trastornó. El perfume natural de una chica joven era intenso; se me metió directo a los pulmones y me llegó hasta los huesos.

El deseo que ya traía encima se disparó. Estaba a punto de no poder más.

Quería terminar ahí mismo sobre esas medias.

Pero justo en ese momento, la universitaria regresó del baño.

Me apresuré a meter las medias de vuelta en el bolso. No podía dejar que me viera.

Ella llegó con la cara encendida y nos miramos de frente.

Me rasqué la cabeza, incómodo.

—Regresaste. Yo también iba al baño —le dije.

Ella asintió y luego bajó la mirada al bolso, directo a donde estaban las medias.

“Dios mío, ¿me habrá visto?”

Me fui rápido.

Cabizbajo, llegué al baño y al mirar el suelo me quedé boquiabierto.

¡Todo estaba empapado!

Era un charco enorme... todo de ella.

¡Demasiado!

Estaba claro que ella también estaba urgida. Si pudiera darle lo que necesitaba...

Un pensamiento oscuro empezó a tomar forma en mi cabeza.

Cuando salí del baño con los pantalones en su lugar, la chica ya estaba acostada en su litera mirando el celular.

Me fijé en su bolso: las medias ya no estaban.

¿Las habría tirado porque se dio cuenta de que yo las había olido?

Me moría de ganas de preguntarle.

Pero de todos modos, éramos unos completos desconocidos. No era el momento de abrir la boca.

Tuve que tragarme la curiosidad y subir a mi litera.

Acostado, sentía algo que me recorría por dentro, como si tuviera hormigas bajo la piel. Una comezón que no me daba tregua.

Con una universitaria así durmiendo justo debajo de mí y sin poder hacer nada... era una tortura.

No pasaron ni dos minutos antes de que me asomara a ver qué hacía.

Y ahí estaba: extendió una pierna y la dejó colgar por el borde de la litera, balanceándola tranquilamente.

Y las medias que habían desaparecido del bolso... ahora las llevaba puestas.

Pensé que hacía un momento yo había hundido la nariz en esa tela, que seguramente todavía quedaba algo de mi saliva ahí.

Y ahora ella las tenía puestas.

Ese contraste me sacudió por dentro de un modo que no logré contener. Sentía un ardor que le llegaba hasta los huesos, una mezcla de urgencia y desesperación.

Lo único que quería era agarrar esas piernas y echármelas al hombro.

Pero no podía hacer nada. Solo quedarme mirando cómo esas piernas perfectas se balanceaban frente a mí.

Pocas veces en mi vida me había sentido tan impotente.

Entonces ella se volteó hacia adentro y siguió con el celular.

El cobertor no le tapaba la mitad inferior del cuerpo. La mitad de ese trasero generoso quedaba completamente al aire.

No traía pantalones. Solo el calzoncito blanco y las medias color piel cubriéndole esas piernas largas.

Con esa imagen casi me desmayo.

Era demasiado. En toda mi vida nunca había tenido cerca a una chica así.

Ni hablar de tocarla. Con solo que me dejara rozarle la mano, habría ganado años de vida.

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