APKDock Logo
Chapters
share
La profesora del hijo del CEO Novel Cover

La profesora del hijo del CEO

Elena is a dedicated educator whose life takes an unexpected turn when she is hired as a private tutor for the young son of a cold, powerful CEO. While navigating the billionaire's strict rules and intimidating presence, she begins to break through his emotional walls. As their professional boundaries blur, a deep attraction sparks between them. Elena must decide if she can handle the complexities of his elite world and a hidden past.
Chapters
share

Chapter 6

“Nunca sabes de qué suerte peor te ha salvado tu mala suerte.”

Cormac McCarthy

Anna sube al bus, solo espera no toparse con Otto, realmente no estaba de ánimos como para escuchar a nadie hablando sandeces cerca de ella. Se sentó al lado de una señora algo mayor, que parecía ajena a su entorno, como si nada a su alrededor existiese.

Muchas veces, Anna deseo estar así, con su cuerpo en el presente y su mente ajena a la realidad. Pero eso era casi imposible, siempre la sobornaba alguna de sus preocupaciones y terminaba cediendo, volviendo a la realidad.

Repasa mentalmente su día; la clase con Felipe había sido productiva. El adolescente tenía buen oído musical y eso siempre es un agregado en su profesión. ¿Mas por qué se sentía así, melancólica y a la vez irritada?

Mira hacia la ventanilla, una pareja se besaba, rubia la chica y él un poco más oscuro. El gatillo mental se dispara en su cabeza. Aún le afectaba haber visto a Arthur con aquella mujer. Sentía celos, celos de una mujer que no conocía y de un hombre que no le pertenecía.

Llegó a su parada, bajó y caminó hasta la pensión. Se metió en la ducha, luego se puso un camisón y fue a pagarle a Doña Cira. No podía arriesgarse a perder su habitación y quedarse en la calle.

—Doña Cira —tocó la puerta de la habitación de la mujer, quien salió rápidamente a atenderla.

—Sí, Anna dime.

—Acá le traje el pago.

La mujer toma los billetes y cuenta un par de veces.

—Muy bien pero te dije que voy a aumentar el precio, el dinero se me va en arreglos para la pensión y medicinas.

—Sí, pero es a partir del próximo mes, imagino.

—No, que va. Eso es para ahora. Te faltarían 50€.

—Prácticamente está aumentando el doble. Creo que es exagerado.

—Si te parece exagerado, busca otra pensión donde puedas pagar menos. Yo hasta tengo uno interesado en ti cuarto. Así que tú decides.

Anna se regresa a su habitación, a pesar de que aún tenía para pagar lo que faltaba, le parecía abusivo de su parte, aquella era una casa vieja y tenía filtraciones por todos lados. Solo que pagaba poco, pero aumentar la renta por algo que no costaba eso, era exagerado y hasta un robo.

Se acostó con mucho más rabia de la que ya tenía. Sacó el dinero de la gaveta y lo contó. Aquello le serviría para estar tranquila el resto del mes. Si le pagaba los otro 50€ no sólo quedaría con menos si no que habría gastado la mitad de lo que se ganó y apenas había dado la primera clase.

Comenzaba a sentirse angustiada con todo aquello. Guardó el dinero y tomó de la mesa de noche su libro. Lo abrió y siguió leyendo. Cada capítulo que leía, venía a su mente la imagen de Arthur Venzon, como si su ser solo desease descubrir lo que aquel hombre guardaba dentro de sí.

Se quedó dormida. Despertó mucho antes de la hora, le crujía el estómago. No había cenado. Se levantó, abrió el guardarropas, sacó la bolsa de galletas que había comprado el día anterior. Se sentó con las piernas cruzadas sobre la cama. Repentinamente escuchó ruidos en la puerta principal, como si alguien intentara abrir a la fuerza. Se paró y aseguró la puerta, su corazón latía acelerado.

Si se trataba de algún ladrón, la primera habitación era la de ella, posiblemente intentarían abrir donde ella estaba. Se recostó de la pared, las piernas le temblaban. En aquella residencia casi todas las cinco habitaciones estaban ocupada por mujeres. Por lo que serían un blanco fácil para cualquier delincuente.

El forcejeo en la puerta persistía. De pronto oyó la voz de una mujer gritando afuera.

—Doña Cira, por favor. Abra.

Anna se asomó por la ventana de su cuarto, vio que se trataba de Fedora, otra de las inquilinas de la pensión. Tomó sus llaves, abrió la puerta. Fedora entró hecha nervios.

—¿Qué le ocurre?

—Gracias por abrir muchacha. Soy enfermera y tuve guardia hasta tarde. Tomé un taxi pero el hombre que lo conducía se puso algo abusivo. Tuve que bajarme corriendo y dejé mi cartera en el auto.

—Vaya susto que me dio. Por poco me da un infarto.

—Disculpa Anna, ¿es así que te llamas?

—Sí, Anna.

—Gracias de verdad, pensé que el taxista se devolvería y aún estaría afuera.

—No fue nada. No se preocupe.

Fedora fue hasta su habitación. Anna regresó a su cuarto, luego de cerrar la puerta principal con llave. No pudo retomar el sueño. Cada vez que intentaba quedarse dormida oía ruidos afuera. Necesitaba descansar. Por suerte solo tenía que ir a la cafetería hasta las 3:00 de la tarde y regresar a la pensión.

No había terminado de cerrar los ojos cuando la alarma sonó. Se despertó agotada, se dio una ducha para poder espantar el sueño que cargaba. Salió a tomar el bus. Puntualmente pasó. Subió, buscó el puesto al final y se recostó de la ventanilla. El sueño la venció. Una mano en su hombro meciéndole la hizo reaccionar.

—¿Qué, qué pasó? —pregunta exaltada.

—Creo que se quedó dormida. Esta es nuestra última parada.

Anna bajó corriendo del bus y echo a andar de regreso hacia la cafetería. Caminaba apresuradamente sin mirar a ningún lado. A pesar del frío, estaba sudando. Por fin vió la cafetería a unos pocos metros, acelera el paso, mira su reloj, diez minutos de retraso. Michelle debía estar más que enojada, iracunda.

Llegó a la cafetería, estaba abierta. Entró. Detrás del mostrador estaba una chica atendiendo. ¿Cómo podría saber que ella llegaría tarde? ¿Quién era aquella morena que ocupa su lugar?

Sin preguntar, entró a la cocina.

—Buenos días Michelle, disculpa la tardanza.

Michelle la miró de pie a cabeza. Le hizo señas para que se sentara. Anna se sentó. La mujer sacó de su bolsillo unos billetes y los contó un par de veces.

—Este es tu pago del mes. —extendió la mano y se los entregó. Anna los recibió aún sin entender lo que estaba pasando.

Se levantó, guardó el dinero en su bolso.

—Voy a cambiarme entonces.

—No —Anna se detuvo— Estás despedida.

—¿Cómo? Pero ¿por qué?

—Todavía lo preguntas. No estás comprometida con tu trabajo. Yo necesito a alguien que cuando necesite su apoyo, no diga que no.

Anna sintió que el mundo comenzaba a darle vueltas, Michelle la vió palidecer. La ayudó a sentarse y le dio un vaso con agua.

—¿Qué tienes? ¿No me digas que estás…?

—No, señora. No estoy embarazada. Tal vez fue la tensión. No sé preocupe —como pudo se puso de pie, caminó y salió de la cocina, miró a su sustituta, sonrió con pesar y salió del restaurante.

Aún se sentía mareada. Cruzó y se sentó en la banqueta de la plaza, no pudo aguantar más y se quebró. Mientras Anna pensaba que iba a hacer con su vida. El lujoso auto se detuvo. Arthur Venzon entró a la cafetería.

—Buen día, un expresso por favor. —la inexperta joven tardó unos minutos para servir el vaso que terminó derramando sobre su propio delantal.

—Disculpe señor. Soy nueva, aún no sé usar muy bien la máquina.

—¿Y la otra chica?

—Fue despedida. Está sentada allá en la plaza, pobre —señaló con su mano en dirección a donde estaba Anna.

—No te preocupes, déjalo así. —sacó de su bolsillo el dinero para pagar el café y salió del local.

Cruzó la calle. Anna estaba cabizbaja, echa un mar de lágrimas. Él se acercó lentamente para no asustarla.

—¿Estás bien? —dijo colocando su mano sobre el hombro de la chica.

Ella levantó el rostro al reconocer la voz de Arthur. Se secó los ojos y lo miró fijamente. Él le tendió la mano, Anna se levantó y sin pensarlo, se lanzó entre los brazos de él.

—No tienes por qué estar así —trató de consolarla pero sus palabras provocaron más angustia en ella. Lloró desconsoladamente— Por favor, ya no llores —le imploró.

Ella levanta su rostro, enjuga sus lágrimas, se limpia el rostro y lo mira fijamente. Era fácil perderse en el azul de su mirada. Anna lo sentía así.

You may also like

After His Cruel Competition, I Became the Tycoon Wife Novel Cover
9.4
After enduring a brutal competition orchestrated by a ruthless man, a resilient woman rises above the shadows of her past to become the wife of a powerful tycoon. Her journey from being a mere pawn in his cold games to a position of immense wealth and influence is marked by deep betrayal and unexpected passion. As she navigates the complexities of high society, she must balance her newfound status with the scars of her survival.
After My Groom Chose His Pregnant Mistress Over Me Novel Cover
9.0
On her wedding day, everything falls apart for the bride when her groom abandons her at the altar to be with his pregnant mistress. Devastated and publically humiliated, she must navigate the wreckage of her broken engagement while facing the harsh reality of her former partner's betrayal. As she attempts to reclaim her dignity and rebuild her life, she finds herself entangled in a world of wealth, power, and unexpected new beginnings.
Choosing Love Over Power Novel Cover
8.8
Billionaire heir Ethan is trapped in a cold world of corporate duty and familial expectations. When he meets Clara, a spirited artist who values integrity over wealth, his rigid life is turned upside down. Forced to choose between inheriting his family’s massive empire or pursuing a future with the woman he loves, Ethan must navigate a web of betrayal. This modern romance explores the true cost of success and the power of choosing one’s own heart.
The Disowned Wife's Revenge: Buried Secrets and Billionaire Love Novel Cover
8.4
Eleanor Vance had spent a lifetime trying to earn her family's love, offering them her heart, her talent, and her quiet devotion. But on Cassandra's birthday, her peace offering was met with a vicious lie and a stinging slap across the face. In that single, shattering moment, Eleanor realized she had been buying tickets to a bus that would never come, and something inside her snapped. Her adopted sister, Cassandra, always commanded their parents' adoration, leaving Eleanor a perpetual shadow. So when Cassandra theatrically dropped Eleanor's painstakingly restored emerald brooch, blaming her, Eleanor's mother, Vivian, lashed out with a stinging slap. Her father, Robert, coldly demanded an apology, choosing a manipulator's tears over his own daughter's truth. The familiar ache in Eleanor's chest confirmed their twisted love was not for her. A quiet, terrifying resolve settled within her. She knelt, not in humility, but with chilling purpose, tossed the emerald brooch into the roaring fireplace. ""You don't deserve it,"" she stated, devoid of warmth. Later, from a hidden compartment, she pulled out a sleek, black burner phone. ""It's time,"" Eleanor whispered. ""Initiate Phase One. Prepare the assets.""
Divorce After Discovering Husband's Betrayal Novel Cover
8.6
After uncovering her billionaire husband's devastating infidelity, a devoted wife decides to reclaim her dignity. The shock of his betrayal shatters her world, forcing her to choose between a hollow marriage and an uncertain future. As she navigates the legal and emotional complexities of a high-stakes divorce, she transforms from a shadow of her spouse into a woman of strength. This modern romance explores her journey of healing and self-discovery.
Flash Marriage To The Predatory CEO Novel Cover
9.5
Elsie was the Sutton family's perfect puppet, a sickly heiress locked away in a pristine manor and treated like fragile porcelain. Her only purpose was to be a pawn in her mother's corporate games. Without warning, her mother ordered her to marry Duke Blake, a ruthless, cold-blooded billionaire known for destroying his rivals. Worse, her mother immediately handed over total control of Elsie's life to him, declaring she couldn't even step outside the gates without his explicit permission. Desperate, Elsie met him and asked if she would be expected to perform wifely duties, praying for a marriage in name only. "I have a very high sex drive." He stated it bluntly, shattering her illusions. Yet, when he drove her into the city days later, a sudden swerve sent her tumbling directly into his lap. Instead of the desire he claimed to possess, his body went completely rigid. He violently shoved her away, slamming her hard against the passenger seat. His face was pale, his knuckles white, and he stared straight ahead with a look of absolute, terrifying revulsion. Humiliation and sharp pain coiled in her chest. She couldn't understand. Why did he demand absolute control over her and boast about his desires, only to treat her accidental touch like a repulsive disease? Why did this all-powerful man secretly smell of hospital antiseptics? What exactly was the Sutton family forcing her to marry? But she was no longer willing to be a lamb led to the slaughter. Thinking of the provocative black lace hidden behind her wardrobe's false wall, Elsie smiled coldly. She was going to find the fatal flaw in this ruthless billionaire's code, and use it to completely shatter her cage.