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Mi ÁNGEL

In the dangerous world of organized crime, a high-stakes romance unfolds between two souls from different sides of the law. When a ruthless mafia leader crosses paths with a woman who seems like an angel in his dark reality, their lives collide with explosive consequences. Amidst brutal power struggles and internal betrayals, they must navigate a landscape of violence. Can love survive the shadows of the underworld, or will their secrets destroy them both?
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Chapter 4

Al llegar a la pequeña casa de la joven termino de comprender porque estaba tan mal, los cuerpos de sus padres estaban siendo trasladados al cementerio en ese preciso momento, Hades se sintió mal, ya que por la insistencia de él en que Macarena tomara un café, había perdido la posibilidad de despedirse de sus padres, sin pensarlo la acompaño al cementerio, bajo la mirada de algunos conocidos de la familia y de su pequeño hermano. Incluso la acompaño de regreso a su casa, estaba a punto de despedirse cuando sin querer escucho a una vecina hablar con Macarena, en la diminuta cocina.

— ¿Ese hombre es tu novio? ¿el americano del que tanto le hablaste a tus padres? — la curiosidad estaba bien camuflada como preocupación, por lo que la joven no se dio cuenta.

— No, él es un conocido. — respondió incomoda, no sería bien visto que dijera que apenas lo conocía de horas.

— ¿Y eso? ¿Acaso tu novio no creyó necesario acompañarte? Más en tu estado, ¿no sabe que el estrés le afecta a bebé? — los ojos de Macarena se pusieron rojos una vez más y Hades solo la observo a la distancia, sin que ellas se dieran cuenta.

— Ya no tengo novio, terminamos hace una semana. — y para ese momento sus lágrimas caían una vez más.

— Dios, menos mal que tus padres ya no están, sería tan horrible que vean como desperdicias tu vida siendo madre soltera. — la diversión se dejó oír al final y por fin Macarena entendió que aquella mujer solo se estaba regocijando con su dolor.

— ¡Largo de mi casa! — grito apuntando a la puerta y dando un paso en dirección de la indiscreta mujer.

La mujer se fue de inmediato, Macarena era conocida por su carácter fuerte y esa señora no se quedaría para ver si los rumores eran ciertos, Hades la observo mientras la joven apoyaba una mano en el marco de la puerta de la cocina y con la otra acariciaba su vientre.

— Estaremos bien pequeño, solo dame tiempo a solucionar todo, mamá te cuidara. — Hades jamás había visto a una mujer tan desprotegida como aquella joven, su pecho dolía al ver esa imagen.

— ¿Sabe del bebé? — la voz de su nuevo amigo la tomó por sorpresa y se giró de inmediato. — El padre… ¿sabe? — aclaro el castaño, casi rubio.

— No, no me dio tiempo a decirle, él ya tiene a alguien más. — El ángel de la muerte tenía ganas de preguntar quién era y donde se encontraba, estaba dispuesto a dar sus servicios sin pago alguno. Pero en lugar de eso solo la abrazo.

Hades jamás imagino que a partir de ese día su vida cambiaria, para siempre.

Cinco años después:

Macarena caminaba bajo el manto de la noche, no había estrellas ni luna que guiaran sus pasos, parecía que incluso el cielo se había olvidado de ella, no estaba segura de lo que estaba a punto de hacer, mejor dicho, no quería ni pensarlo, sentía el frio calar sus huesos, pero no era el clima, eran sus nervios.

Decir que su jefe era guapo, era un insulto, Mateo Zabet era hermoso, con un aura imponente, mentiría si dijera que nunca lo vio con interés, pero no era solo por ser su jefe, del momento que Macarena consiguió el trabajo de la chica de los recados quedó impresionada, aquel hombre le hacía recordar tanto a Stefano Neizan, el primer hombre que amo, el primero que la lastimo, el padre de su hija, era ridículo que ella encontrara algún parecido entre ellos, su cabello era lacio y el de Stefano ondulado, Mateo tenía una estatura normal para un hombre fornido, mientras Stefano media casi dos metros la última vez que lo vio, pero había algo en el brillo de sus ojos que provocaba que ella lo comparara, aún más sorprendente que también le hiciera acordar a Hades, no tanto en lo físico, era su aura, había visto a su jefe enojado un día, discutía con su hermana y su aura era tan oscura como la de Hades, aquel día que la defendió, el día que ella se había enamorado de su buen amigo Hades.

— Hades, ¿Dónde estás? ¿Por qué me dejaste?

Murmuro con pesar, su vida había cambiado radicalmente cinco años atrás, con la muerte de sus padres y la pérdida de su primer amor, dos años después volvió a sentir lo que era perder a quien se amaba, quedo sola nuevamente y ahora su vida volvía a cambiar, Macarena se preguntaba si alguna maldición caía sobre ella, ¿Qué castigo estaba pagando? No lo entendía, pero sin embargo no se quejaría y lo soportaría, este mundo no la vería abatida, así como así, antes daría pelea, después de todo, dos personas dependían de ella.

Llego al hotel donde Mateo la había citado, su corazón latía deprisa, ¿Qué era lo que estaba por hacer? Salvar a su hija, eso era lo que estaba por hacer y era lo único que importaba.

— Hola, yo… estoy buscando al señor Mateo Zabet. — dijo mientras se sentía como una prostituta, y es que en eso se iba a convertir.

— El señor Zabet la espera en el restaurant del hotel, sígame por favor. — dijo de forma educada el joven y ella se preguntaba si a todas sus putas las trataba así.

El joven la guio a un lugar reservado, por supuesto, pensó Macarena, no se dejaría ver con una… acompañante como ella.

En una mesa para dos personas iluminada con velas y aclimatada con música suave estaba su jefe, un hombre con rostro de Ángel y alma de demonio, su pesadilla, su salvador, un ángel caído como el mismo diablo, dispuesto a tentarte, deseoso de verte caer.

— Buenas noches. — dijo al tiempo que el joven se retiraba y Mateo se levantaba de su lugar para correr su silla, como todo un caballero, maldito, pensó.

— Me alegra que vinieras, aunque… diez minutos tarde, por poco y me vuelvo viejo esperándote. — Esas palabras la llevaron cinco años atrás, el tono de su voz y la forma de su sonrisa, Stefano sería un fantasma que la seguiría de por vida pensó.

Aun con el paso de los años se preguntaba qué sería de la vida de su gran amor, aquel al que le entrego su primera vez, aquel que le mintió, el que la dejo cuando más necesitaba a alguien, por suerte Hades apareció en su vida… Hades.

— ¿Estás aquí Macarena? — dijo en un siseo el hombre y ella lo miro asustada.

— Disculpe, yo… el autobús demoro… — comenzó a explicar, ella jamás se trababa para decir algo, pero Mateo Zabet era el mismo demonio, frio, calculador, paciente.

— ¿Autobús? ¿Por qué no tomaste un taxi? Si mal no recuerdo la parada más cercana a este hotel queda a ocho calles de aquí. — era verdad, ocho calles que Macarena casi corrió para no llegar tarde, con los tacos de 12 centímetros que el señor Zabet le pidió que llevara.

— No estoy en condiciones de gastar dinero que no poseo. — respondió apenas en un susurro mientras bajaba la cabeza, no quería sus ojos juzgándola, no de nuevo.

— Mírame — dijo con voz autoritaria el hombre de 23 años, y Macarena lo obedeció, jamás le había dicho o hecho nada, pero ella le temía.

— Mientras estés conmigo nada te faltara y no debes bajar tu rostro por nada ni nadie. — Hipócrita, pensó la joven, ¿cómo podía ser que ahora se comportara de esta forma? Aunque quizás tenía una oportunidad de cambiar el rumbo de las cosas.

— Señor Zabet, yo lo único que pido es un préstamo… yo lo pagare. — dijo mientras el aire salía de golpe de su interior y sus manos se cerraban con fuerza bajo la mesa.

— Shhh, aquí quien pone las reglas, soy yo, no tu Maca. — Un escalofrió subió por su columna, solo sus más cercanos la llamaba de esa forma, solo personas que ella quería le decían Maca. — Por ahora cenemos, después tendremos tiempo para lo demás. — Macarena estaba segura de que no podría comer nada, su estómago se cerró al escuchar su promesa.

El hombre de cabello castaño se encargó de pedir la cena, mientras ella permaneció en silencio, esperando un milagro, algo que no llegaría, por lo menos no esa noche.

Cenaron en silencio, aunque la joven solo movió su comida de un lado a otro, a lo sumo fue capaz de comer dos bocados, mientras Mateo no solo cenaba, también la devoraba con la mirada.

Luego que el hombre pagara la cena, partieron rumbo a una suite, con cada paso que daba su corazón se aceleraba, quería salir corriendo de aquel lugar, pero por su hija, y por su hermano ella haría todo, al fin y al cabo, solo era sexo, todas las personas tienen sexo, pensó la joven a modo de consuelo.

— Bien, hablemos de negocios. — dijo con cara de empresario su jefe, mientras, servía dos vasos de wiski.

— Yo…

— Siéntate Macarena, no te quedes de pie. — cada vez que le ordenaba algo, un destello distinto brillaba en sus ojos, una mezcla de cansancio y molestia. Mientras le dio uno de los vasos, Macarena solo lo obedeció, sin embargo, no bebería.

— Necesito 250 mil dólares, es para… — Mateo levanto su mano y ella hizo silencio, provocando una enorme sonrisa de satisfacción por parte del hombre. Satisfacción, que ella lo obedeciera con un solo gesto.

— No me interesa para que quieres el dinero, y ya te lo plantee en la oficina, no doy prestamos, soy un empresario, lo mío son los negocios, te propuse un acuerdo, donde ambas partes teníamos lo que queríamos. — dijo, mientras bebía un poco de su trago, sin sacar los ojos de la joven.

— No soy una puta señor Zabet. — rebatió mirándolo con fuego en los ojos, apretando sus dientes, quería golpearlo, deseaba golpearlo como Hades le había enseñado.

— Lo sé y mataría a cualquiera que te tratara de esa manera. — la sorpresa se vio reflejado en el moreno rostro de Macarena.

— Pero usted… — Macarena estaba a punto de gritarle que él era el único que se atrevió a tratarla de esa manera.

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