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Por favor, no te enamores Novel Cover

Por favor, no te enamores

After a devastating betrayal by her boyfriend and his lover, Isabella is forced to navigate the ruins of her personal life. Amidst the heartbreak, she crosses paths with Daniel, a powerful and enigmatic billionaire who offers an unexpected connection. As they spend time together, a complicated attraction begins to bloom. Isabella must decide if she can risk her heart again or if the scars of her past will prevent her from finding true love in this modern romance.
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Chapter 9

Sofía dio tres pequeños golpes en la puerta, más por respeto, que por esperar que alguien le abriera, y cuando su mano fue a la manija, la puerta se abrió apenas unos centímetros.

— ¿Ya pagaste la cuenta? — fue lo que dijo Margaret, saliendo del cuarto, y cerrando la puerta tras ella.

— Hola, mamá. — rebatió a modo de reproche Sofía, olvidándose por escasos segundos de la presencia a su lado de Alexander.

— Ya te saludé cuando te llame por teléfono, ¿por qué siempre haces un escándalo de nada? — no, no era así, Sofía lo recordaba, su madre no la había saludado, pero no se sumergiría en una discusión sin sentido. — ¿Ya pagaste o no? — Alexander no pudo evitar elevar una ceja y ver de forma censuradora a esa mujer, ni siquiera recordaba que su madre fuera tan fría, pero, aun así, no diría nada, lo que menos deseaba era tener algun tipo de roce con la familia de su falsa novia.

— Sí, mamá ya pagué, aunque no puedo creer que incluso pidieran comida gourmet… — no era el momento, al menos no cuando Alexander estaba a su lado, pero no se podía contener, ella llevaba dos días sin probar un alimento sólido, y sus padre, pidiendo alimentos gourmet.

— No puedo creer tu nivel de egoísmo, y envidia. — cuestiono su madre y Sofía casi grita.

— ¿Que?

— No trates de fingir, se nota tu amargura, más desde que Adrián murió, ahora sí que te quedaras sola para toda la vida, no creo que consigas un estúpido como el que tenías, aun me pregunto qué te vio de interesante.

— … — Alexander vio como la boca de Sofía se abrió y cerro, pero sin embargo nada salió de ella, ya sea por el dolor que le causaron las palabras de esa mujer o lo furiosa que estaba.

— Mejor vete, no necesito que mi nieto tenga tu mala energía sobre él, y Lyra necesita descansar. — sin decir más, la mujer ingreso una vez más a la habitación y cerró la puerta tras ella.

Alexander había estado en situaciones incomodas, e injustas, más desde que su divorcio se había celebrado entre falsas acusaciones, pero ver aquello… estaba indignado, no conocía la situación familiar de su secretaria, pero, aunque sea mala, no tenía derecho de tratarla de esa forma.

— Sofía. — la llamo y solo entonces la rubia recordó que su jefe estaba a su lado.

— Disculpa eso… — dijo con una pequeña sonrisa, como si nada pasara, aunque Alexander vio la pena en sus ojos, unos que de pronto, se le hacían muy expresivos. — Te dije que mi familia es…peculiar. — termino diciendo, más para justificarlos ante ella misma, que para que Alexander no pensara mal de ellos, pues si, ella había visto que su padre estaba dentro de la habitación.

— No te preocupes, creo que ya nada me sorprende en la vida.

Ya sea a modo de consuelo, o por fingir ante la posibilidad que algun periodista estuviera en la recepción de la clínica, Alexander paso su brazo sobre los hombros de Sofía, quien, en esta ocasión, simplemente se dejó guiar, después de todo, se sentía débil, como si las pocas fuerzas que poseía, ya se estuvieran agotando, hasta que al ingresar en el automóvil, las mejillas de la rubia enrojecieron nuevamente, al escuchar como su estómago rugía.

— Ay por dios. — murmuro completamente avergonzada, ya que Alexander la veía con sorpresa, pues no había sido un pequeño gruñido.

— Te preguntaría si tienes hambre, pero eso esta más que claro, creo que deberíamos comenzar a pedir comida los días que nos quedemos mas tiempo del debido en la oficina. — rebatió con una sonrisa Alexander y es que ahora se le hacía tan fácil sonreír, era como que Sofía le hubiese regresado los colores a su vida.

— Si corre por cuenta de la empresa, no tengo problema, caso contrario denegare la oferta, después de todo, no es como que no fuese a cenar en mi hogar, solo es que hoy tuve un pequeño percance. — aseguro apuntando la clínica y de pronto la mano de Alexander viajo a su mejilla, dejando una caricia mientras la veía con cara de borrego a medio morir.

— Periodista a las dos en punto. — musito mientras sonreía.

— Esto es raro. — aseguró Sofía mientras tragaba grueso.

— Lo sé, créeme que lo sé, y como recompensa, te ahorrare el que tengas que cocinar.

— Ahhh señor Thompson, no es necesario.

— Sofía, deberás comenzar a llamarme Alexander no lo olvides, y si es necesario, lo que menos deseo es que te desmalles a causa de que se te baje la glucosa en sangre, además a esta hora no conseguiremos ningún restaurante abierto, así que simplemente será un poco de comida chatarra, nada de qué preocuparse, y nada que te pueda descontar ni de tu sueldo en la empresa, ni mucho menos de nuestro trato, recuerda la clausura donde especifique que yo correré con los gastos de cenas, vestuario y demás cosas de ser necesario. — sí Alexander era un hombre justo, pero también observador, y se había dado cuenta de que Sofía estaba muy al pendiente de los gastos que tenía, aún recordaba la conversación de ese abogado que la fue a buscar a la oficina, seguro que tenía problemas económicos.

Así fue como Alexander condujo un poco más y llegaron a un lugar de comida rápida, donde él se encargó de pedir por los dos, algo que a Sofía no le molestó, después de todo estaban acostumbrados a cerrar negocios en restaurantes y siempre era Alexander quien ordenaba, además como un buen jefe estaba al tanto de las alergias de Sofía, aunque solo ahora reparo en ese hecho, él sabía perfectamente que Sofía era alérgica a las aceitunas, y sabía que Lucrecia era alérgica a algo, pero ahora no podía recordar que, sin querer darle mucha importancia a ese hecho, condujo hasta la casa de la joven, provocando nuevamente la sorpresa de Sofía al verlo descender.

—Mmm, muchas gracias…

—No Sofía, aquí no, te acompañaré a tu departamento, me invitaras a pasar, y cenaremos. — aclaró mostrando el paquete de comida rápida que tenía en la mano. — Y solo entonces me iré.

—No es necesario que se quede a verme comer, no es como que tenga ningún problema alimentario. — dijo casi de automático Sofía ya un poco preocupada, lo que menos queria era que su jefe creyera de qué estaba haciendo algún tipo de dieta rara, y que por eso su estómago había gruñido de esa forma.

—Alguien que se ve también como tú, no puedes tener ningún problema alimentario. — dijo Alexander, alabando su figura y porque no, ese enorme trasero que la acompañaba a todos lados, no negaría que en más de una ocasión sus ojos fueron a él, nada malicioso, una simple ojeada porque había escuchado a Lucrecia decir que su secretaria seguramente se había operado los glúteos, solo era eso, los vio en una que otra ocasión por mera curiosidad, porque Lucrecia sí que se había operado, no solo los glúteos, también el busto y los labios y… se había hecho tanto que ya no recordaba como era la Lucrecia que él conoció, por Dios Santo, esa mujer se había hecho tantas cirugías que más parecía una muñeca de plástico, sin embargo él estaba un noventa y ocho por ciento seguro que los glúteos de Sofía eran pura y exclusivamente de ella, músculo, carne y, tal vez quizás un poquito de grasa pero sin embargo tenía cada cosa en su lugar.

—¿Entonces por qué la insistencia? — preguntó asustada la rubia, y Alexander dejó salir una carcajada al tiempo que acomodaba su cabello ya con algunas hebras blancas, aunque quizás no era la edad, apenas tenía cuarenta, pero el divorcio y Lucrecia le hicieron salir más canas de las normales.

—Porque los periodistas nos han seguido desde la clínica hasta aquí, entonces… solo tenemos dos opciones, nos despedimos con un beso apasionado ahora mismo oh….

—Por favor, sígame.

Fue lo único que dijo la rubia, y empezó a guiar el camino al interior del departamento, mientras Alexander haciendo eco a sus pensamientos, no pudo controlar sus ojos que se clavaron en el enorme y bien formado trasero de Sofía, mientras se meneaba de un lado al otro de una forma hipnotizante.

— Definitivamente eso es natural. — musito para él mismo, al tiempo que mordía su labio inferior.

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