APKDock Logo
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Estrenando Cuñadita

Estrenando Cuñadita

La rutina de un hombre cambia por completo cuando su joven cuñada se instala temporalmente en su hogar. Con una actitud casual y un encanto natural, la presencia cotidiana de la joven se vuelve imposible de ignorar. Lo que parecía una simple visita familiar se transforma en un constante desafío emocional para el anfitrión, quien lucha contra una atracción cada vez más intensa y magnética. Bajo el mismo techo, la convivencia diaria convierte la cercanía en una tentación inevitable y difícil de resistir.
Capítulos
Compartir

Capítulo 1

Hace un tiempo, mi cuñadita, que todavía está en la preparatoria, vino a pasar unos días y se quedó en mi casa.

La muchachita, con el cuerpo ya bien desarrollado, estaba todos los días con una blusita de tirantes y shorts cortos, sin siquiera ponerse el brasier.

Ya sea caminando o sentada, los pechos se le marcaban siempre firmes y paraditos, la cinturita fina y ondulada, las nalgas redondas y carnosas siempre respingonas… para cualquier hombre era imposible no tener pensamientos.

Y mucho menos para un cuñado como yo, de alma calenturienta y descaro lujurioso; la palabra “cuñadita”, para mí, era la tentación definitiva…

—Cuñado, es mi primera vez, despacito…

Era de noche. La muchacha, que no llevaba puesto nada más que medias, estaba arrodillada frente a mí, con la cara sonrojada, y levantó la mirada hacia mí con unos ojos empapados.

—Cállate y chúpalo…

Le metí el dedo en la boca, y ella, dócil, lo envolvió y lo lamió. Su lengüita se agitaba con ganas, y un gemido nasal le salía suavecito.

Ese era el sonido más sensual que una muchacha podía hacer…

***

Me llamo Octavio Bravo y soy un hombre recién casado. Hace un tiempo, mi cuñadita, que todavía está en la preparatoria, vino a pasar unos días y se quedó en mi casa.

La muchachita, con el cuerpo ya bien desarrollado, estaba todos los días con una blusita de tirantes y shorts cortos, sin siquiera ponerse el brasier.

Ya sea caminando o sentada, los pechos se le marcaban siempre firmes y paraditos, la cinturita fina y ondulada, las nalgas redondas y carnosas siempre respingonas… para cualquier hombre era imposible no tener pensamientos.

Y mucho menos para un cuñado como yo, de alma calenturienta y descaro lujurioso; la palabra “cuñadita”, para mí, era la tentación definitiva…

A veces la molestaba en broma, claro, para aprovechar y meterle mano: un roce en el busto, una tocadita en las nalgas, un apretón en la cinturita, y por supuesto tampoco dejaba escapar sus largas piernas blancas.

Desde entonces descubrí que mi cuñada tenía una debilidad fatal: aun si uno la fastidiaba, no se atrevía a resistirse, solo aguantaba todo sin quejarse.

Una vez entré al baño listo para ducharme y vi que mi cuñada se había olvidado de recoger los calzones que se había quitado.

Apenas levanté esa tanguita para admirarla, ella me la arrebató y se la abrazó contra el pecho. Yo hice como que iba a quitársela otra vez, pero terminé agarrándole con ganas, firme, un pecho suave y terso.

En casa estaba siempre solo con blusita de tirantes, sin brasier: al tocarla se sentía como si le rozara la piel desnuda.

No quería soltarla, y hasta le di unos cuantos apretones más.

Mi cuñada se quedó paralizada un par de segundos, y cuando vio el tremendo bulto entre mis piernas, gritó un “¡ay!” y se fue corriendo con la cara roja, dándose media vuelta.

Después de ese manoseo, sentí que ya estaba ardiendo en deseo.

Me bañé rapidísimo y, con el miembro duro como piedra, corrí a la recámara. Vi que mi esposa ya estaba dormida de costado y, sin decir ni una palabra, me trepé a la cama.

Le agarré la cintura fina por detrás, la puse en cuatro y le bajé los calzones hasta las rodillas, enrollados en una bola.

—Mmm… mi amor… ¿qué te pasa?… ¿quién te dio un afrodisíaco?

Mi esposa se despertó medio atontada con la sacudida, tardó medio minuto en reaccionar y, sin siquiera voltear, levantó las nalgas hacia atrás.

—Des… despacito… todavía no me mojo…

—Solo quería cogerte, ¿no puedo?

Mi esposa es muy sensible y además sabe gemir muy rico. Normalmente le hacía bien los preliminares antes de pasar al grano.

Pero esa noche, sabiendo que había alguien en la casa, contra toda costumbre se aguantó los gemidos.

Pensando en mi cuñada ahí afuera, quise hacer un escándalo para que escuchara, y a propósito le dije palabras sucias a mi esposa para picarla mientras embestía duro contra sus nalgas suaves y resbaladizas.

—¿Te gusta? ¿Te gusta así, cogiéndote así?

A mi esposa se le escapó, sin poder contenerse, un gemido largo. Alzó las nalgas bien altas y un gemido meloso y nasal se le escapaba uno detrás del otro; la coquetería le salía hasta por los poros.

—Mmm… ah… ¡esto es una violación!… qué rico…

En ese momento me di cuenta de que la puerta de la recámara, no sé desde cuándo, se abrió una rendija, y una sombra se movió.

¿Era mi cuñada espiando?

Con la mirada de reojo alcancé a echar un vistazo disimulado.

En efecto: mi cuñada, en calzoncitos, estaba medio agachada detrás de la puerta, con la boquita entreabierta, el pecho subiendo y bajando con una respiración agitada, y las mejillas sonrojadas, con los ojos clavados en lo que yo hacía.

También te podría gustar

Portada de la novela Creyeron Que Era Sorda
9.4
En la novela romántica Creyeron Que Era Sorda, la protagonista recupera la audición en secreto y descubre la peor traición. Durante una fiesta, escucha a su hija revelar que su esposo, Fidel Gallardo, espera un hijo de su amante, Juana. Aunque Fidel finge amarla con señas y planea ocultar su desliz para no perderla, ella ya conoce toda la verdad. Con el boleto comprado para irse como maestra voluntaria a una zona vulnerable, solo espera siete días para que sus papeles estén listos y desaparecer de sus vidas para siempre.
Portada de la novela Curso de Perreo Intensivo
9.4
Durante una sesión sobre el tapete de yoga, una entregada estudiante ejecuta con total audacia los pasos más veloces y atrevidos de una coreografía. Bajo la mirada atenta de sus compañeras de clase, su enérgica práctica destaca en el salón. Es en ese instante de máxima intensidad cuando el profesor, tras elogiar su ritmo constante, decide dar un paso más allá. Al proponer un ejercicio en vivo, se aproxima a ella para iniciar una demostración física mucho más íntima, directa y cercana.
Portada de la novela Después de sus cien engaños, rompí con él para siempre
7.8
Tras tres años de matrimonio soportando las constantes infidelidades de Ricardo Montenegro, cada traición venía acompañada de un costoso collar. Al recibir la joya número cien, el dolor se transformó en frialdad: la amante de turno era mi propia hermana mayor, mi eterna torturadora de la infancia. Con el corazón roto, decidí actuar. Le entregué a Ricardo un contrato de propiedad a cambio de su firma, permitiéndole estar con ella. Tras recibir su hipócrita beso de despedida, saqué mi verdadera carta de triunfo bajo el papeleo: el acuerdo de divorcio definitivo.
Portada de la novela Fui Su Secreto Compartido
8.4
Tras tres años de amor devoto hacia Dante, el poderoso heredero del clan Blackwood en Chicago, la joven Rose recibe con alegría la noticia de su embarazo. Sin embargo, su felicidad se destruye al descubrir un siniestro engaño: Marco, el hermano gemelo de su pareja, se hacía pasar por él en la intimidad. Todo resulta ser una humillante venganza orquestada por Dante para complacer a su enemiga, Isabella. Ante la inminente revelación pública de esta traición durante la ceremonia nupcial, Rose toma la firme decisión de huir y dejar al mafioso sin su ansiada boda.
Portada de la novela La decimotercera novia del Alfa
8.7
En su vida pasada, ella lo dio todo por Lucian, solo para recibir desprecio y una muerte cruel a manos de renegados. Tras renacer, decide cambiar su trágico destino: le entrega su rival a Lucian y acepta convertirse en la pareja del temido Príncipe Draven, un alfa del que se rumorea que asesina a sus compañeras. Sin embargo, al conocerlo, descubre que el brutal príncipe es en realidad el dulce joven de su infancia. Él fingió doce uniones previas esperando su llegada, y ahora que es su Luna, el arrepentimiento de Lucian llega demasiado tarde.
Portada de la novela La Luna Que Fingió Su Muerte
9.4
La Luna Que Fingió Su Muerte presenta la historia de Elara, quien ha decidido escapar definitivamente de su compañero, el Alfa Aiden. Aunque todo el mundo de hombres lobo cree que él la ama con locura por sus constantes atenciones, la realidad es muy distinta. Aiden la ha abandonado una vez más para pasar la noche con la modelo Omega, Cassia. Cansada de su hipocresía y corrupción, Elara contrata a un errante en el mercado negro para planear su falsa muerte por envenenamiento con acónito. Su escape ocurrirá durante la ceremonia de coronación, el evento más sagrado para él, donde le dejará un cadáver perfecto.