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Portada de la novela Me Casé con el "Falso" Heredero de la Mafia

Me Casé con el "Falso" Heredero de la Mafia

En Me Casé con el "Falso" Heredero de la Mafia, la traición se sella en el registro civil. Rodrigo Aguiñaga, el verdadero heredero, decide humillar a su prometida sustituyéndose por Luis, el falso sucesor, para complacer a la caprichosa Vanessa. Convencido de que ella aceptará el cruel juego y esperará su regreso, Rodrigo no anticipa la reacción de su pareja. Con total serenidad, ella decide tomar las riendas de su destino, acepta su matrimonio con Luis y desafía al clan mafioso.
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Capítulo 1

El día que fuimos al registro civil a firmar, mi novio, el verdadero heredero —Rodrigo Aguiñaga—, fue sustituido en pleno trámite.

La prometida de Rodrigo —la "princesa de la mafia"— se aferró a su brazo y me miró con una sonrisa triunfal, como si ya hubiera ganado.

—Estafadora matrimonial y falso heredero, ¿no son la pareja perfecta?

No le respondí. Solo clavé la mirada en Rodrigo.

Cuando el clan mafioso por fin lo recibió de vuelta como el verdadero heredero, por querer casarse conmigo se aguantó el castigo del clan tres días y tres noches. Pero hoy, en cambio, asintió y se sumó al "chiste" sin el menor remordimiento.

—Es una broma, no te vas a enojar, ¿verdad?

Y luego lo dijo como si estuviera repartiendo migajas:

—Es solo el trámite. Cuando a Vanessa se le pase, tú y Luis se divorcian y luego tú y yo firmamos en el registro civil.

Yo sonreí.

Me di la vuelta y caminé directo hacia el falso heredero —Luis Aguiñaga—, lo miré de frente y solté, con una calma que hasta a mí me sorprendió:

—Ya estamos casados por el civil, amor, así que toca planear bien nuestra boda.

En el Registro Civil había gente entrando y saliendo sin parar, y no tardaron en reconocernos.

—¿No es Rodrigo, al que su familia acaba de recuperar? ¿Y la de al lado, la "princesa de la mafia"?

—¿Y esa chica quién es? Encima está jalando a Luis, ¿qué? ¿Quiso treparse y terminó agarrando al equivocado?

—Yo digo que sí. Si no, ¿por qué se pegaría a alguien como Luis, a ese desecho que dejaron atrás?

Las palabras, llenas de desprecio, me cortaban como cuchillos; y el hombre que antes podía lanzarse a pelear por mí solo porque alguien me llamó fea, ahora parecía sordo, demasiado ocupado mirando a Vanessa con una ternura empalagosa.

A mí se me heló el pecho.

—¿El día diez del próximo mes, qué tal? —soltó de pronto el hombre que, desde que empezó el trámite, no había dicho una sola palabra.

—Ajá —respondí.

Al escuchar la fecha, ni pestañeé: saqué el celular y marqué de inmediato a la agencia de planeación de bodas que ya tenía apartada.

—La fecha no cambia; solo cambien el nombre del novio por Luis.

El rostro de Rodrigo se oscureció al instante, y Vanessa corrió a colgarse de su brazo, con esa voz dulce que solo sabe echarle más leña al fuego.

—Rodrigo, ya, no te enojes. Perla solo está molesta, seguro es por eso que dicen de… ¿cómo era? ¿una prueba de obediencia?

Luego se giró hacia mí, como si fuéramos cercanas, y hasta se dio el lujo de "aconsejarme".

—De verdad, Perla, fue culpa mía por andar jugando. No pensé que te ibas a poner así, pero hasta para hacer berrinche hay límites; la familia Aguiñaga no es como tu pueblito, no lo pongas en aprietos.

Yo solté una risa fría.

—¿Jugando? Se nota que sí te encanta jugar.

Y la miré sin apartar la vista, dejando que cada palabra cayera donde tenía que caer.

—Porque si en ese papel estuvieran tu nombre y el de Rodrigo, seguro estarías jugando todavía más feliz, ¿no?

Los curiosos estallaron en murmullos.

—¿No sienten que Vanessa parece más bien una amante atrapada en el acto?

—Jajaja, pero esa es la princesa de la mafia, yo sí quiero ver cómo le hizo esta chica para hacerla arder así.

Entre las voces, la cara de Vanessa se puso roja de coraje; me miró con un odio que no se molestó en esconder y, al siguiente segundo, se le llenaron los ojos de lágrimas.

—Perdón. Todo esto es por mi culpa… por mí te enojaste y discutiste con Rodrigo. Él solo quería hacerme feliz, no como tú, que te da igual todo y con un desconocido dices "me caso"y ya…

A Rodrigo le cambió la cara; la rodeó con el brazo y la consoló con una suavidad insoportable, mientras volteaba hacia mí para escupirme las palabras entre dientes.

—Perla, ya te pasaste. Ahora mismo le pides perdón a Vanessa. Y llama para cancelar esa reserva ridícula. Si no, olvídate de volver a casarte conmigo.

—Ja.

Solté un sonido seco y, en el acto, publiqué que me iba a casar:

"Deséenme un feliz matrimonio. La boda será el día diez del próximo mes. Están invitados a celebrar con nosotros."

Rodrigo tembló de la furia y me gritó que lo borrara.

—Eso no va a pasar.

Extendí la mano y, con toda naturalidad, le acomodé a Luis el cuello, alisándole la arruga de la ropa. Vestía sencillo, pero estaba erguido, con una firmeza que no se compra.

—¿No fueron ustedes los que empezaron la broma? ¿Entonces ahora resulta que esta broma ya no la aguantan?

Luis me tomó de la mano y, al darse la vuelta para enfrentar a Rodrigo, su voz salió fría, pero con una autoridad que hizo callar a medio Registro Civil.

—Perla y yo ya hicimos el trámite: somos esposos ante la ley. Le pido que no tenga tantas ganas de poseer a la mujer de otro.

Hizo una pausa, sin soltarme.

—De ahora en adelante, a Perla no le toca a usted mandarla.

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